10 de diciembre de 2009

Ensayo sobre fragmento de la obra Ser y Tiempo de Martin Heidegger

Hace unos meses atrás me hicieron la pregunta más complicada para responder, claro que, no sabía de su complejidad hasta que intente respondérmela...¿Quién soy?

Y esta dificultad que se me presento no me ocurre solo a mí, sino a todos los humanos, hoy después de leer Ser y Tiempo se me hace un poco más clara la respuesta.

Heidegger, ha procurado insistentemente en dar respuesta al problema del ser y es por eso que habla del ser existente, ese ser que esta ahí, arrojado al mundo a la que él llama Dasein.

En otras palabras el Dasein es la posibilidad concreta de la existencia de cada uno de nosotros y lo que cada uno de nosotros es, o sea la esencia recae en nuestra existencia.

Ese ser-ahí, ese Dasein, ese hombre arrojado al mundo, es quien se pregunta por el ser. El Dasein es quien se pregunta por que hay ser, porque esta todo esto ahí, en el mundo, y esa es una de las preguntas que cada uno de nosotros alguna vez se pregunto. ¿Qué hago en este mundo? ¿Por qué estoy aca?

En este “existir” el hombre se encuentra rodeado de posibilidades, de –el poder ser- y es a partir de esas posibilidades, por las que optamos o apartamos, que vamos construyendo nuestro ser, nuestra existencia.

Cada uno de nosotros es un constante poder ser, una existencia que se proyecta hacia nuevas posibilidades. Uno es lo que es por las decisiones que a lo largo de la vida va tomando y cada una de estas posibilidades puede dar un sentido nuevo a la existencia, esta existencia que se caracteriza por la total incertidumbre y por depender de las posibilidades que cada uno escoge.

En mi caso, hoy puedo decir que soy gracias a las decisiones que he tomado, una estudiante a punto de alcanzar un objetivo, soy una mujer trabajadora con proyectos a desarrollar y que no se arrepiente de ninguna posibilidad tomada o rechazada, porque cada una de esas posibilidades aunque hayan sido negativas han formado lo que hoy soy, mi esencia y mi existir.

Hoy pienso en que distinta habría sido mi existencia si no hubiese decidido abandonar el Profesorado de Educación General Básica y dejar mi ciudad, alejándome de todo lo que me rodeaba para emprender a 3 mil kilómetros de distancia una nueva vida, llena de distintas oportunidades, eligiendo yo misma otro ser y existir.

Sin embargo, a lo largo de la vida uno se somete a distintas posibilidades, pero hay una posibilidad a la que el ser humano desatiende y es a la posibilidad última de nuestra existencia: la muerte, que en cierta medida la admitimos como un hecho pero no la vinculamos con una posibilidad existencial propia e inevitable.

El hombre reconoce la infinidad de posibilidades que la vida nos presenta, pero no tiene en cuenta la finitud de su existencia.

Conocemos la muerte por que le ocurrió a otro, a otro cercano nuestro, pero no reconocemos que esa posibilidad está latente en nosotros y que esa ocultación de la muerte domina en todo momento la existencia cotidiana de cada uno de nosotros.

Hay que aclarar que la muerte no solo se presenta en nuestra ultima posibilidad, la muerte esta presente desde el momento en que nacemos, la muerte no solamente es del ser, sino que también mueren deseos, posibilidades, oportunidades, mueren proyectos, mueren ideas etc.

Es importante reconocer a la muerte como una posibilidad concreta, porque es en ese momento donde aparece la preocupación por el ser, por la existencia y por vivir, el ser para la muerte y ante esta muerte solo queda vivir.

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